Las autolesiones infligidas en los jóvenes son una realidad que se vuelve cada vez más evidente y preocupante. A pesar de haber sido un tema difícil de tratar durante años, hoy en día entendemos que un número considerable de adolescentes se provoca daño deliberadamente, como cortarse, golpearse o quemarse, sin realmente querer quitarse la vida, sino como método para manejar un intenso dolor emocional.
En este artículo, desde nuestra clínica de psicología, deseamos abordar por qué surgen las autolesiones en los jóvenes, qué significado tienen y qué señales deben encender la alerta en familiares, maestros o amigos.También discutiremos cómo podemos apoyar a un adolescente que se autolesiona y cuándo resulta necesario buscar asistencia profesional.
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¿Qué son las autolesiones no suicidas?
Cuando nos referimos a las autolesiones en adolescentes, hablamos de lo que se conoce como autolesiones no suicidas (ANS).Esto implica que, aunque se daña el cuerpo de modo intencionado, la meta no es acabar con la vida. En muchos casos, estas autolesiones son un método de afrontar emociones difíciles que el joven no sabe cómo manejar o expresar.
Algunas formas comunes de autolesión incluyen:
-Cortes en la piel, especialmente en brazos, muslos y abdomen.
-Quemaduras leves o moderadas.
-Golpes contra objetos o paredes.
-Rasguños o pellizcos que causan sangrado.
-Arrancarse el cabello (tricotilomanía, que tiene características propias).
¿Por qué un joven se autolesiona? Principales razones
La autolesión no surge de manera repentina. Generalmente, es el resultado de una mezcla de vulnerabilidades emocionales, sociales y psicológicas. A continuación, explicamos algunos de los motivos más relevantes:
-Manejar emociones intensas y dolorosas
Muchos jóvenes se autolesionan como una manera de «liberarse» de emociones que sienten que son abrumadoras, tales como:
-Tristeza profunda.
-Ansiedad o estrés.
-Ira contenida.
-Sensaciones de vacío o desconexión.
-Culpabilidad o vergüenza.
En estos casos, el dolor físico momentáneo proporciona un «alivio» emocional, aunque este efecto es breve y generalmente se sigue de sentimientos de culpa y vergüenza.
-Sentir algo cuando todo parece vacío
Algunos adolescentes expresan que se sienten «vacíos por dentro» o «desconectados de la realidad». Para ellos, el autodaño es una forma de «sentir algo», incluso si es dolor. Es una manera de combatir la falta de conexión emocional o el sinsentido.
-Autopunición
En ocasiones, la autolesión está vinculada a sentimientos de autodesprecio. Los jóvenes que creen que «merecen» sufrir o que se culpan por errores, sean reales o imaginarios, pueden recurrir a estas conductas como forma de autocastigo.
-Expresar el dolor no verbalizado
Muchos adolescentes no pueden comunicar lo que sienten o no encuentran un entorno seguro para hacerlo. En este sentido, la autolesión se transforma en un lenguaje del dolor, una forma visible de manifestar «no estoy bien» cuando no saben cómo solicitar ayuda.
-Presión de grupo o influencia de otros jóvenes
Aunque no es la razón principal, la presión de grupos (ya sean en persona o en línea) puede llevar a algunos jóvenes a experimentar con la autolesión. Las plataformas sociales y ciertos foros pueden hacer que estas conductas parezcan normales o incluso las alienten, lo que lleva a quienes están en una situación vulnerable a verlas como una forma de «pertenecer» o sentirse comprendidos.
Factores de riesgo asociados
Aunque cada situación es diferente, hay ciertos elementos que pueden aumentar el riesgo de autolesionarse en un adolescente:
-Problemas en el hogar (conflictos, abuso, descuido, separación de los padres).
-Acoso escolar o bullying.
-Baja autoestima.
-Depresión, ansiedad o trastornos alimentarios.
-Abuso sexual o traumas anteriores.
-Falta de aceptación por su orientación sexual o identidad de género en su entorno (LGBTQIA+).
-Dificultades en habilidades sociales (por ejemplo, en adolescentes con autismo o TDAH).
Señales de alerta: ¿Cómo identificar si un adolescente se está autolesionando?
Es clave estar atentos a indicadores físicos y de comportamiento que podrían sugerir que un adolescente está autolesionándose:
-Cortes, quemaduras o rasguños frecuentes, especialmente en áreas que se pueden cubrir.
-Uso constante de ropa larga, incluso en épocas calurosas.
-Aislamiento y desinterés en actividades que antes disfrutaba.
-Cambios repentinos en el estado de ánimo o irritabilidad continua.
-Dificultades para expresar emociones.
-Pérdida de peso o síntomas de trastornos alimentarios.
¿Qué hacer si sospecho que un adolescente se está autolesionando?
Saber que un hijo, estudiante o amigo se está autolesionando puede provocar miedo, enojo y confusión, pero es crucial actuar con calma y empatía. Aquí hay algunas sugerencias:
-Evitar juzgar o castigar
No uses frases como «¿Por qué haces estas cosas?» o «¡Qué vergüenza!» El adolescente ya enfrenta dolor y necesita apoyo, no críticas.
-Crear un ambiente seguro para la conversación
Invita al adolescente a hablar de manera empática:
«Me he dado cuenta de algunas cosas que me preocupan, y quiero entender cómo te sientes. Estoy aquí para escucharte sin juzgarte».
-No limitar la conversación a la conducta
Más que preguntar «¿Te has cortado de nuevo?», es más útil comprender qué emociones o situaciones están motivando esa conducta:
«¿Qué te hace sentir tan mal como para pensar en lastimarte?»
-Buscar asistencia profesional
Las autolesiones son un indicativo de un malestar más profundo, así que es esencial contar con ayuda psicológica especializada. Psicólogos con experiencia en adolescentes pueden ayudar a:
Enseñar maneras saludables de regular las emociones.
Detectar y tratar problemas subyacentes (depresión, traumas, bullying…).
Mejorar las habilidades sociales y el manejo de las emociones.
-Acompañar sin ejercer control
No se trata de monitorear cada paso del adolescente, sino de estar presente, preguntar cómo se siente y ser accesible. Este proceso requiere tiempo y paciencia.
¿Cómo ayudamos desde la psicología?
En nuestro centro, abordamos las autolesiones de manera integral y adaptada para cada joven, combinando:
Terapia personal utilizando métodos de manejo emocional (fundamentados en la Terapia Dialéctica Conductual, la Atención Plena y la Terapia Cognitivo-Conductual).
Colaboración con la familia para favorecer la comunicación y el respaldo.
Intervención en problemas subyacentes, como depresión y ansiedad.

Conclusiones
Las autolesiones en jóvenes no son simplemente un «grito de ayuda» ni un capricho momentáneo. Representan un signo de un profundo sufrimiento emocional.
Entender las causas detrás de estas acciones y saber cómo responder puede ser crucial para transformar la experiencia de un adolescente que se siente aislado en la de uno que recibe el apoyo necesario para avanzar.
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